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Entradas

La Ventanilla Siniestra (Cap 13)

Capítulo 13: El Sol de Bronce La madrugada de aquel sábado se extendía como un manto silencioso sobre la ciudad más poderosa del Reino Tierra. Ba Sing Se dormía, envuelta en la calma aparente que siempre había sido su escudo frente a las convulsiones del resto del continente. En el distrito interior, donde las torres se alzaban más cerca del cielo y las calles olían a té recién tostado incluso a esas horas, los faroles de aceite parpadeaban, luchando contra el viento cálido que descendía desde las colinas. La ciudad parecía ajena a lo que estaba por ocurrir. El Sol de Bronce, club de renombre y orgullo de la burguesía capitalina, se iluminaba tenuemente en la penumbra. Era un edificio de arquitectura sobria, con columnas de piedra tallada y balcones enrejados desde donde, en otros tiempos, la música de los instrumentos de cuerda se filtraba hasta las calles. Allí se reunían las mentes influyentes de la capital, no solo para cerrar negocios, sino para cultivar un aire de distinción: prá...
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La Ventanilla Siniestra (cap 12)

Capítulo 12: La carta del adiós   Lin Beifong se enteró de la partida de Thai a través de un silencio que pesaba más que cualquier palabra. Al llegar a su despacho esa mañana, encontró sobre la mesa un sobre de papel ceniza con su nombre escrito en una caligrafía clara y serena. El aire estaba cargado de humedad, como si el amanecer hubiera llorado en su lugar. Afuera, la ciudad bullía con su rutina inmutable, pero dentro de aquel cuarto reinaba una quietud que parecía ajena al tiempo. Lin sostuvo el sobre entre sus manos, percibiendo su ligereza engañosa. Sus dedos, curtidos por años de trabajo, temblaron apenas. Antes de abrirlo, se dejó caer en su silla de cuero. La madera del escritorio crujió con un sonido áspero. Cerró los ojos un instante, respiró profundo, y luego rompió el sello. Dentro, una carta extensa, escrita de puño y letra por Thai: "Querida Lin, Sé que esta carta no sustituye el valor de una despedida en persona, pero en estos días he comprendido que las palabras ...

La Ventanilla Siniestra (cap 11)

Capítulo 11: El humo en los muelles Thai regresó a Ciudad República con la sensación incómoda de estar llegando a una ciudad que no era la misma. Había algo imperceptiblemente distinto en el ritmo de los pasos de la gente, en el murmullo de las calles, incluso en la luz. El sol parecía más bajo, como si la ciudad se hubiera encorvado durante su ausencia. El tranvía desde la estación marítima la dejó en la avenida central poco antes del atardecer, cuando los escaparates comenzaban a encender sus luces y las sombras de los edificios caían como losas sobre el pavimento. En su camino al Ministerio del Tesoro, se detuvo un momento frente a una tienda de música. En el vidrio, una vieja canción sonaba apenas audible, distorsionada por el parlante empotrado en la esquina. Era una canción de su infancia, un vals tradicional que su madre solía cantar mientras colgaba la ropa. Thai sintió un nudo en la garganta, inexplicable, inútil, pero real. En su oficina del Ministerio, encontró una nota sin ...

La Ventanilla Siniestra (Cap 10)

Capítulo 10: La bóveda sumergida La noche en Ciudad República era más densa que de costumbre. Las nubes colgaban bajas, opacas, como si el cielo mismo conspirara en silencio. En lo alto del edificio del Ministerio del Tesoro, donde las luces se apagan antes que en otros edificios del gobierno, Thai se mantenía despierta. Miraba por la ventana de su despacho, una taza de té frío entre las manos. Vestía aún su traje formal de lino verde petróleo, arrugado por las largas horas, y su cabello recogido en un moño alto empezaba a deshacerse. La sala estaba oscura, apenas iluminada por la luz ámbar de su lámpara de escritorio. En el aire flotaba el aroma apagado del té de loto que ya nadie bebía. Desde la distancia, aún podía ver los tejados del distrito financiero, donde brillaban las cúpulas del Congreso y, más allá, los salones donde Han Lee pasaba sus fines de semana. Aún recordaba la última imagen que tuvo de él en la prensa: solo, bebiendo té con la Reina, en lo alto de su jardín florido...

La Ventanilla Siniestra (Cap 9)

Capítulo 9: Una noche en Niebla Roja El verano había llegado a Ba Sing Se con su habitual lentitud ceremoniosa. El sol se filtraba como miel entre los tejados del anillo interior, y las fuentes de los jardines reales cantaban con un murmullo pausado que empapaba los muros de jade. Era domingo, y como cada domingo, Han Lee no vestía traje. Llevaba una túnica sencilla de lino dorado, sandalias planas y un sombrero de ala corta que lo ocultaba apenas lo necesario. Su hogar era la Casa Yunshu, una residencia ancestral enclavada en una colina privada dentro del anillo interior. Conocida por sus jardines colgantes y su arquitectura en terrazas esculpidas en mármol verde, era considerada una de las propiedades más hermosas del mundo. Los estanques de loto se conectaban por pequeños canales de jade, y las habitaciones estaban orientadas para que el sol entrara como óleo a distintas horas del día. Era una casa de secretos antiguos, pero también de paz. Esa mañana, Han Lee comenzó su día descalz...

La Ventanilla Siniestra (Cap 8)

  Capítulo 8: La última llave El cielo sobre Ciudad República estaba cubierto por una niebla persistente que difuminaba los contornos de las torres. Era una mañana sin viento, y el aire estaba cargado de humedad, como si la ciudad contuviera la respiración. En el cuartel central del Departamento del Tesoro, Thai y Lin trabajaban desde una pequeña sala de análisis clasificado. La habitación, ubicada en el cuarto subnivel, tenía paredes de piedra opaca y sin ventanas. Las luces, tenues y frías, iluminaban la mesa central donde estaban desplegados los documentos rescatados de Omashu. Thai llevaba horas sin moverse, con las contraseñas escritas en tinta azul entre los dedos. Lin caminaba en círculos, murmurando mientras comparaba el mapa con las coordenadas satelitales. —No cuadra —gruñó Lin—. Este puerto en el sur ni siquiera aparece en los registros oficiales. Thai levantó la vista, con los ojos fatigados. —Porque no es un puerto, al menos no uno abierto. Esto podría ser una estación...